Biografía Personal

Mi madre solía tener que extorsionarme con Jochos del Oxxo (Hot-Dogs) para que accediera a ir a mis clases de piano semanales cuando tenia 8 años. No vengo de una familia de músicos ni tampoco recibí ningún tipo de entrenamiento especial además de unas cuantas clases de piano. Sin embargo, sí que nací en el seno de una familia con buen gusto que apreciaba una variedad enorme de estilos musicales. A través de mi madre yo aprendí sobre la música clásica. Desde chico ponía los CDs de los “Grandes éxitos” de los grandes compositores. Creo que esto me entrenó a identificar cómo es la música que le llega rápidamente a la gente. Entre estos discos estaba el de la música orquestal más popular de Edvard Grieg y mi madre lo usaba todas las mañanas para despertarnos. Hasta la fecha conozco muy bien todos los movimientos de la suite “Peer Gynt”. De mi padre, un hombre con una gran sonrisa carismática que desafortunadamente no heredé, conocí la música popular. Él siempre llegaba a casa con CD’s de música del mundo que sus amigos extranjeros y extraños le recomendaban. Gracias a él muchos pequeños recuerdos de música de Brazil, Rock, Salsa y muchas otras. De hecho, la primera canción que mis padres recuerdan que me gustó fue la de “Roxanne” de The Police. Sin embargo, los años maravillosos para mi fueron definidos por un gran amor y devoción a los Beatles y si quisiera darle crédito a alguien haberme vuelto músico, sería a ellos.

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La fecha 09/09/09 se volvería muy importante para mi carrera porque es la fecha en la que el “RockBand” de los Beatles (un videojuego basado en tocar música de los Beatles con instrumentos de plástico) salió a la venta y cambió mi vida para siempre. Algo que es importante saber de mi es que tengo una personalidad obsesiva. Desde una edad muy joven, pasaba de obsesión a obsesión. Todo empezó con dinosaurios, después con las películas y libros de “El Padrino”, después películas de terror, peces por alguna razón y finalmente, Los Beatles. Cómo lo mencioné antes, comencé a tocar piano cuando tenía 8 años pero nada me había motivado realmente a tocar pero cuando el videojuego de los Beatles salió, me enamoré de la idea de tocar música. Creo que toqué esas canciones cientos de veces, cantando mientras tocaba la batería o guitarra virtual. Naturalmente, después de pasar muchas horas con el vídeo juego, comencé a aburrirme y a buscar más. En este momento recuerdo todo esos hot dogs que me gané y regresé al piano.

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Los Beatles no fueron simplemente para mi una banda que me gustaba mucho. No lo sabía en esos tiempos pero todo lo que aprendí sobre su importancia para la música popular y sobre sus diversas contribuciones a la cultura fue muy útil a la hora de formar una identidad propia como autor. Algo que me marcó mucho aprender fue descubrir que Paul y John escribían y cantaban sus propias canciones y una vez que entendí lo que eso significaba, entendí que yo tenía que convertirme en un compositor. La enorme variedad y riqueza de los sonidos, estilos y géneros que abordaron en su música durante su corta carrera me inspiró a buscar lo mismo en mi propia música.

De ahí viene mi interés en la música de muchas culturas que no solo se especializará en estilos latinos, ese es solo el inicio. Intenté escribir música como Billy Joel, otro gran héroe personal, y los Beatles en mis inicios. Más adelante, debido a mi acercamiento con la música clásica gracias a aquellas clases ignoradas de piano, comenzaron a interesarme las posibilidades para la composición que ofrecía la música clásica. La música de Bach fue una que me inspiró intensamente por la precisión matemática de sus fugas y por su economía de recurso de composición. Durante los próximos años en la preparatoria continúe desarrollando mi interés en la música clásica. Entré al técnico en música en la Benemérita universidad Autónoma de Puebla para tomar más clases de piano. Fue en ese tiempo cuando conocí a mi primer maestro, Luis Felipe Ramirez y Jorge Andrade Roca. Un gran recuerdo que tengo es que llegué el primer día y una compañera me presentó a Frederick Chopin. Siempre recordaré cuando escuché el Nocturno en Mi bemol mayor por primera vez. Fue durante estos años que escribí mi primer composición que fue interpretada: Jacarandas en el Suelo. Hasta la fecha mi familia sigue insistiendo que es la mejor obra que escribiré en mi vida. Durante mi último año de preparatoria, fui contratado para escribir la música para una obra de teatro titulada “Máscaras del Sinsentido”, basado en las vivencias de Victor Frankl durante la Segunda Guerra Mundial. Escribí unas cuantas buenas canciones pero fue muy bueno para mi carrera ya que por alguna razón llevó a mi primer entrevista de televisión a los 17 años.

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Entonces llegó el momento decisivo de mi carrera. Por varios años tuve una maestra de piano Rusa. Una persona seria y muy buena maestra de piano quien obviamente no estaba particularmente emocionada conmigo como pianista. Seguido me recordaba que tal vez debería volverme un compositor. Yo nunca me enojé porque sabía que alguna razón tenía y sí no hubiera sido por ella, creo que nunca hubiera llegado a Juilliard. Durante tres años ella me estuvo recordando constantemente de un concurso anual de composición en la Ciudad de México. Aparentemente estaba siendo organizado por uno de los grandes compositores Mexicanos de esta generación y no podía perdérmelo. Ella estaba hablando del Concurso Arturo Márquez para Orquesta de Cámara, uno de los concursos más prestigiosos de México. La primera vez que me lo mencionó, yo aún estaba empezando a escribir músicas así que pensé que aún no estaba listo para un concurso tan importante. En su segundo año, el concurso ya sonaba más atractivo pero decidí que debía esperar aún un año más. Cuando la tercera edición llegó por fin, finalmente decidí dejar de hacer pretextos e intentarlo. Fue mi primer concurso de composición y también la primera vez que escribía una obra orquesta así que estaba seguro de que no lo iba a lograr pero después de un episodio entretenido sobre el cual puedes leer en mis “Historias” en este sitio web, gané. La obra con la que participe se llamó Gran Fantasía & Fuga Lartina “Talavera”.

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Ganar esta competencia le dio el impulso definitivo que mi carrera necesitaba por dos razones: fue la primera vez que recibí algún tipo de validación académica y afirmación de que mi música era buena. Después de investigar a los miembros del jurado, me di cuenta de que unos de ellos era Samuel Zyman, gran compositor mexicano y maestro de la Juilliard School en Nueva York. Una vez que descubrí esto, me emocioné mucho y lo tomé como una señal divina. Supe reconocer que sí había alguna vez en mi vida una oportunidad para entrar a una gran escuela, sabía que esta era ella. En el pasado había intentado ingresar a escuelas de mayor prestigio como la Escuela Superior de Música en la Ciudad de México y el Haute Ecole de la Musique en Ginebra pero siempre había llegado con muy poca experiencia así que no había sido posible. Haber ganado el concurso de Márquez me dio la motivación que necesitaba para creer en mis capacidades. También me hizo considerar la importancia social y artística del famoso Danzón No2 y me incitó a buscar continuar el legado que comenzó Arturo Márquez con música que fusiona a la perfección los estilos clásicos con los ritmos y alma latina. Otra elemento de mi personalidad que es esencial para entender de dónde vengo es saber un poco sobre mis primos del lado paterno. Muchos de nosotros nos hicimos músicos al mismo tiempo y eso también fue un factor decisivo en mi formación. En Puebla, mi ciudad de origen, se creó un programa musical muy similar a “El Sistema” de Venezuela llamado Esperanza Azteca cuyo objetivo principal es el de traer música a los niños de comunidades de escasos recursos y toda mi comunidad de primos participó excepto yo porque vivía muy lejos. De todos ellos, 5 se volvieron músicos profesionales y una vez me involucré a la música, nos volvimos todavía más unidos. Entonces por fin conseguí la familia musical que tanto quería. Una cosa que nos distinguía mucho y que también fue decisiva para mi formación fue que todos mis primos bailaban muy bien. Yo siempre era el “tronco”, el “dos pies izquierdos”, el “maleta” así que nada más me sentaba en la esquina y me quejaba de todo. Después de mucha burla de su parte un día decidí meterme a clases de salsa y otros ritmos latinos. Fue en estas clases donde descubrí la mayoría de ritmos con los que trabajo hoy en día y cómo tenía que pasar horas y horas con esa música para poder aprenderla, mi cuerpo fue absorbiéndolos. Aprendí a bailar salsa, cumbia, bachata, pachanga y un poco de Tango, y cambió mi vida. Pasé de ser el niño enojado y tímido del rincón a convertirme en el bailador de Salsa extrovertido. Esto coincido con mi victoria en el concurso de Artur Marquez y resultó ser justo lo que necesitaba para definir una voz creativa propia y única dentro de la música clásica. Y todo fue gracias a un poco de bullying de mis primos.

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Hoy estoy en la escuela en la que soñaba estar y viviendo en Nueva York. Sin embargo, no mucho ha cambiado. Todavía amo a los Beatles, continuo siendo una persona obsesiva pero mi madre ya no tiene que extorsionarme con Jochos del Oxxo para que trabaje mi música. En estos días estoy obsesionado con la moda Latina así que probablemente me podrás ver caminando por Central Park o Lincoln Center con mis guayaberas, morales y collares de colores vivos y expresivos. La decisión de empezar a vestirme así no fue una coincidencia ya que es una forma de distinguirme dentro de este ambiente que no suele representar a la música latina demasiado. También lo hago para presentar a la cultura Latino Americans como algo bello, emocionante y colorido que aún tiene mucho por explorar. Me siento muy orgulloso de decir que muchas personas han comenzado a apreciar y trabajo gracias a que consideran que escribo música que viene de un lugar muy íntimo y honesto que tiene como intención enseñarle al mundo la belleza y riqueza de nuestras tierras. Estas tradiciones las porto con honor y orgullo y las usaré para ayudar a que la vida sea un poco más agradable.... ¡y mucho más picante! Horacio Fernández Vázquez 6 de Marzo de 2019 New York, NY.

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