Tumbao

La composición puede ser un trabajo bastante aburrido. El verdadero proceso puede involucrar sentarse en frente de una computadora por horas y horas, solo levantándose porque se te empieza a dormir la cola. Este fue el caso de mi pieza titulada “Tumbao”, la cual escribí durante el verano de 2019. Su historia de composición es demasiado aburrida como para dar más detalles pero la historia que sí que quiero contar es la del estreno en Juilliard y como formé una orquesta para cumplir mi sueño musical. 

 

El desafío más grande con involucrar a un grupo considerable de músicos en tus proyectos en una institución como Juilliard es el de lograr hacer que los intérpretes se emocionen por tu obra al mismo nivel que tu, ¡sobretodo si no les estás pagando! Descubrí que el truco es pensar en tus compañeros como una comunidad que trabaja en equipo para darle vida a proyectos interesantes. Todos tienen el deseo de darle a la audiencia una experiencia inolvidable. Esta fue una forma increíble de conocer y conectar con intérpretes y audiencias con música.

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Claramente no soy lo suficientemente carismático para lograr que más de 50 personas colaboren conmigo solamente gracias a mi personalidad. Estoy muy consciente de que nunca hubiera podido lograrlo solo. Mi querida amiga Gabriela Saker, una actriz cubana, me ayudó mucho a la hora de planear la logística de este proyecto. Ella me escribió durante el verano de 2019 con la idea de incluirme en un proyecto llamado ALAS (alliance for Latin American Students) la cual tenía como objetivo mostrar el trabajo de autores Latino-Americanos presentados por estudiantes de origen Latino. Su objetivo inicial era el de incluir a todas la disciplinas de Juilliard (baile, música y teatro) y me consideró para ello. Originalmente cuando me propuso la idea, no imaginé  que mi contribución fuera a ser nada grande. Tal vez presentaría alguna piececilla para piano o algo pero nunca me imaginé que mi contribución llegaría a ser tan ambiciosa. Su mensaje me llegó mientras estaba trabajando en Tumbao, que estaba escribiendo con la intensión de meterla a dos competencias: el concurso anual de compositores de Juilliard y el Concurso Arturo Márquez que ya había ganado en 2016. El concurso de Márquez pedía una obra para orquesta de cámara y el de Juilliard pedía una obra para orquesta completa así que decidí escribir la obra para orquesta pequeña para después ampliarla a orquesta completa. La versión pequeña de Tumbao incluía al rededor de 40 instrumentos, un ensamble grande pero… no enorme. Esto me dió una de las ideas más locas que he tenido en mi vida. “¿Qué tal si creo una orquesta para que toquen mi obra?” 

Me di cuenta que nada me garantizaba que ganaría los concursos a los que quería aplicar así que decidí que la mejor decisión sería crear mi propia oportunidad en lugar de esperar a ganar un concurso para que mi música se tocara. Si has leído mi biografía personal, sabrás que tengo una personalidad obsesiva así que cuando se me mete una idea a la cabeza, ¡nada más no sale! Por lo tanto, me obsesioné con hacer lo posible porque sucediera. Mi primer paso era convencer a Gabriela. Después de eso, tenía que conseguir involucrar a todos los músicos hispanos de la escuela ya que son quienes le entrarían más fácilmente al proyecto. Conseguir a todos fue muy difícil pero eventualmente conseguí a los 40 músicos que necesitaba. Por si se lo están preguntando, sí, los violinistas fueron los más difíciles de conseguir.

Una lección de vida que nunca olvidaré es la de nunca subestimar el poder de la comida a la hora de trabajar con músicos. Al organizar todo este evento me di cuenta el saber lo que la gente quiere o busca es un extraordinariamente util si quieres ser un líder. En algún momento del ensayo, uno de los músicos hizo una broma. Él dijo, básicamente, que al menos pusiera unas pizzas para después de los ensayos. Los había puesto a ensayar los domingos en la mañana para que todos estuvieran disponibles y no se me había ocurrido que los músicos iban a llegar cansados, con una cruda de la fiesta de anoche y lo menos que podía hacer era ofrecerles alguna comida. Como decimos en México: entre broma y broma, la verdad se asoma y con ese chiste, este chico me estaba diciendo algo que la orquesta seguramente había discutido en algún momento pero que claramente no me iban a decir. En ese momento me di cuenta de que un pequeño gesto podía hacer una gran diferencia. Gracias a la ayuda generosa de la oficina estudiantil que me apoyó durante todo el proceso, logré conseguir más pizza de lo que la orquesta podía consumir y vi inmediatamente como el espíritu y ganas de trabajar de la orquesta cambió por completo. 

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A propósito de los concursos a los que entré con esta obra, no tuve el honor de volver a ganar el concurso de Arturo Márquez una segunda vez, sea cual fuere la razón. Sin embargo, esto resultó ser una bendición escondida porque resultó que sí gané el concurso de Juilliard. Si hubiese ganado ambos, hubiera sido forzado a renunciar a una de las premieres ya que ambas competencias pedían como requisito que la obra fuera una premiere mundial oficialmente. Esto no hubiera sucedido si hubiera ganado el concurso de Márquez antes y Tumbao hubiera sido estrenada en México primero. Al principio me sentí algo molesto de no haber ganado el concurso de Márquez pero, nuevamente, ¡fue un regalo del cielo!